Trump y Starmer buscan consensos sobre Israel y Rusia en su primer cara a cara

Desde Londres. Mientras el primer ministro británico Keir Starmer insiste en que Washington endurezca las sanciones contra Moscú, Donald Trump plantea que la prioridad europea debería ser presionar a China por su rol en el financiamiento ruso. En ese cruce de visiones, el presidente republicano encontró un socio inesperado en el rey Carlos III, con quien selló una relación personal y política que desplaza al premier laborista como interlocutor privilegiado de la Casa Blanca.
El vínculo entre Trump y el monarca británico se forja en la distancia que ambos mantienen respecto a la posición de Starmer frente a Palestina, Rusia y la extrema derecha que crece en el Reino Unido. La alianza recuerda a precedentes históricos: en 1982, durante la Guerra de Malvinas, Ronald Reagan e Isabel II tejieron un acuerdo geopolítico que luego se reforzó en los últimos años de la Guerra Fría.
Hoy, Trump mantiene diferencias difíciles de salvar con Emmanuel Macron en Francia, Friedrich Merz en Alemania y el propio Starmer en Reino Unido. Ante ese escenario, necesitaba un pivote europeo que encajara en su visión sobre Ucrania, Israel y el ascenso de las fuerzas ultraderechistas. Ese lugar lo ocupa ahora Carlos III, en una convergencia que trasciende lo protocolario y apunta a convertirse en un nuevo eje de la política transatlántica.