La monja que rompió el silencio y desnudó la impunidad en Argentina

¿Por qué ella? ¿Por qué una monja? Marta Pelloni, más conocida como “La Pelloni”, se convirtió en una figura incómoda para el poder en la Argentina de los años 90. Carmelita misionera teresiana y directora del colegio al que asistía María Soledad Morales —la adolescente violada, torturada y asesinada en Catamarca en 1990—, fue quien transformó la indignación en un movimiento colectivo: las célebres marchas del silencio. Sin micrófono, sin gritos, pero con miles de velas, logró visibilizar un crimen que involucraba a los hijos de las familias más poderosas de la provincia.
Desde entonces, Pelloni se enfrentó a causas que muchos daban por perdidas: bebés robados, redes de trata, rituales satánicos y feminicidios. Su perseverancia consistió en resistir el “olvido” con el que, como dice la periodista y escritora Liliana Viola, trafican los culpables.
Viola acaba de publicar La hermana, una crónica biográfica con la que ganó el Premio Crónica Anagrama. Allí indaga no solo en el recorrido vital de Pelloni, sino también en la necesidad de una figura capaz de escuchar y desafiar el discurso oficial, en un país acostumbrado a convivir con la violencia y a mirar hacia otro lado.
La autora habla de un “velo” colectivo: esa nebulosa que cubre los casos más atroces hasta que alguien, como Pelloni, se atreve a levantarlo. Su trabajo logró que crímenes que podían haber quedado enterrados en la impunidad se convirtieran en símbolos de memoria y justicia.