La clonación urbana: los “bloques cebra” que uniforman el paisaje de las ciudades españolas

“Podríamos decir que es la muerte de la arquitectura”. Así describe el colectivo Bloque Cebra un fenómeno que se multiplica en el paisaje urbano español: edificios de franjas blancas y negras, con fachadas prefabricadas, que se reproducen de forma casi idéntica en distintas ciudades. Estos bloques cebra se conciben como productos industriales más que como proyectos arquitectónicos, una fórmula pensada para acelerar plazos, abaratar costes y simplificar procesos.
El modelo —que combina decisiones empresariales, producción a gran escala y escasa adaptación al entorno— se ha extendido por la mayoría de las capitales de provincia, de Málaga a Burgos, de Barcelona a Pamplona. En pleno auge de la construcción, y con más de 136.000 viviendas iniciadas en 2024, el mercado premia la rapidez y la estandarización.
Según el Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España (CSCAE), estos edificios suelen recurrir a prefabricados de hormigón blanco y paneles metálicos oscuros que apenas dialogan con el clima o los materiales tradicionales de cada zona. “Cumplen los requisitos técnicos, pero no se adaptan”, explica su vicepresidente, Juan Antonio Ortiz, quien alerta además sobre el impacto térmico de los revestimientos oscuros en regiones calurosas.
Para el colectivo Bloque Cebra, estos inmuebles “no se diseñan, se tramitan”. Cumplen mínimos normativos, maximizan la edificabilidad y reducen el papel del arquitecto a una figura administrativa. “Es un sistema donde el proyectista pierde su función creativa”, denuncian. Ortiz coincide: “La velocidad es enemiga de la reflexión. Si no se remunera bien el trabajo, los proyectos acaban estandarizados”.
Detrás del modelo están las grandes promotoras, que buscan un producto predecible y rentable. La prefabricación permite construir con menos personal y reducir el riesgo financiero, lo que explica su rápida expansión. Pero la consecuencia, advierte el CSCAE, es una arquitectura repetida que borra las diferencias entre barrios y ciudades. “La homogeneización estética implica una pérdida de identidad colectiva”, sostiene Ortiz.
Bloque Cebra califica el fenómeno como una “franquicia urbana” que vacía de sentido los paisajes y empobrece la experiencia cotidiana. Barrios como Basurto-Zorroza (Bilbao), Turianova (Valencia) o Imperial (Madrid) son ejemplos de esa clonación arquitectónica.
Frente a este modelo, los arquitectos proponen alternativas: industrialización sí, pero con propósito. Prefabricación modular, procesos sostenibles, concursos públicos de diseño y criterios de calidad ligados a licencias y ayudas. En palabras de Ortiz, el futuro debería apoyarse en los pilares de la nueva Bauhaus Europea: sostenibilidad, inclusión y belleza.
Porque, como resume Bloque Cebra, el debate no es solo estético. Es una cuestión de modelo urbano —y de qué tipo de ciudad queremos construir.