Héctor Alterio, una vida entre el arte, el exilio y el compromiso democrático

Héctor Alterio fue mucho más que un actor: fue un testigo lúcido de la historia, un intérprete atravesado por el compromiso y una figura esencial del cine y el teatro en ambos lados del Atlántico. Argentino de nacimiento y español por exilio y elección, su trayectoria quedó marcada por la dictadura, la democracia y una vocación artística ejercida hasta el final de su vida.
Llegó a España en 1974, con 40 años, para recibir un premio por La tregua, la película basada en la novela de Mario Benedetti que marcaría un hito en el cine argentino. Lo que iba a ser un viaje breve se transformó en un exilio forzado: el regreso a su país se volvió imposible y Madrid pasó a ser su nuevo hogar junto a su esposa y sus hijos, Ernesto y Malena Alterio, quienes también seguirían el camino de la actuación. Desde entonces, su vida se construyó entre idas y vueltas reales y simbólicas entre Buenos Aires y España.
Dueño de una relación profunda con el teatro, Alterio nunca abandonó el escenario. Incluso en sus noventa años siguió actuando y creando espectáculos donde la poesía, la música y la memoria dialogaban con su propia biografía. Uno de los más significativos fue A Buenos Aires, dirigido por Ángela Bacaicoa, su compañera de vida, un recital íntimo que funcionó como homenaje a su recorrido y a los autores que lo acompañaron durante el exilio, como León Felipe, Piazzolla, Catulo Castillo o Hamlet Lima Quintana. Aún cuando todo parecía indicar una despedida, siguió trabajando hasta meses antes de su muerte.
Su carrera había comenzado muy temprano. Antes de cumplir 20 años ya protagonizaba obras teatrales y, tras formarse en arte dramático, fundó su propia compañía. En el cine argentino se consolidó en los años 60 y 70 con títulos fundamentales y con directores como Leopoldo Torre Nilsson, Héctor Olivera, Fernando Ayala y Sergio Renán. La Patagonia rebelde, El santo de la espada, Los siete locos y La tregua lo ubicaron entre los grandes intérpretes de su generación.
En España, tras un inicio difícil, encontró rápidamente el reconocimiento. Carlos Saura le dio uno de sus primeros papeles memorables en Cría cuervos, y luego trabajó con directores clave como José Luis Garci, Antonio Mercero, Ricardo Franco y Jaime Chávarri, con quien ganó la Concha de Plata en San Sebastián por A un dios desconocido. En 2003 recibió el Goya de Honor, un reconocimiento a una carrera que ya era parte de la historia del cine español.
Con el regreso de la democracia en Argentina, Alterio volvió a participar en películas centrales para la memoria colectiva, como Camila y La historia oficial, esta última ganadora del Oscar y símbolo del cine comprometido con los derechos humanos. Esa línea se extendió a lo largo de su filmografía y también a la televisión, con trabajos destacados en series como Vientos de agua, donde compartió un proyecto profundamente ligado a la experiencia del exilio y la inmigración.
En total, Héctor Alterio participó en alrededor de 150 películas, más de 50 obras teatrales y numerosas series de televisión. Su figura encarna una forma de entender el oficio actoral como acto ético, político y profundamente humano. Hasta el último día, defendió el teatro, la memoria y la democracia con la misma convicción con la que se subía a un escenario.