De Salto a Albania: el recorrido inesperado de Franco Correa en el fútbol europeo

El futbolista salteño de 21 años atraviesa una experiencia tan inesperada como desafiante en el fútbol albanés, una liga que conocía poco y nada antes de llegar, pero que hoy forma parte de su día a día.
Su historia con la pelota comenzó muy temprano. A los cuatro años ya jugaba al fútbol y, durante su infancia, defendió los colores de Deportivo Artigas, Cerro y Universitario, todos de Salto. A los 13 dio un salto importante: se mudó solo a Montevideo para incorporarse a las divisiones formativas de Peñarol.
“Al principio no se extrañaba tanto, pero con los años se hace más difícil”, recordó. En el Carbonero pasó por Séptima hasta Tercera División, aunque su etapa terminó antes de lo esperado: en su segundo año en Tercera apenas sumó 45 minutos en seis meses. Con 20 años decidió volver a su ciudad natal para jugar en el fútbol de AUF.
Salto FC, de la Primera División Amateur, le abrió las puertas. “Estaba en mi casa, con mi gente. Fue la decisión correcta”, afirmó. Allí descubrió un fútbol más físico de lo que imaginaba. “Pensé que era fuerte, pero no tanto. Se corre mucho, se mete y se juega con la presión del ascenso y del dinero”, explicó.
A fines de 2024 apareció una oportunidad inesperada: una prueba en el Al-Wasl de Emiratos Árabes Unidos. Viajó junto a un compañero, entrenó con las categorías sub-21 y sub-23 y dejó una buena impresión, aunque problemas administrativos impidieron que se concretara el pase. “Los técnicos nos querían, pero no se pudo cerrar”, contó. Durante esos dos meses vivió en Dubái, una ciudad que describió como “lujo total, muy avanzada”.
De regreso en Uruguay, jugó para Ceibal en la liga salteña tras quedar eliminado con Salto FC en la Primera Amateur. Pero el verdadero giro llegó en octubre de 2025.
A través de Pablo Bernasconi (amigo de la familia) y Walter Invernizzi, surgió el interés de un club albanés que lo había visto en la Copa Libertadores Sub-20 2023 con Peñarol, donde marcó un gol y dio dos asistencias, además de haber integrado procesos juveniles de la selección uruguaya. El club era el KF Vllaznia, protagonista habitual de la Primera División de Albania.
“No sabía ni dónde quedaba Albania, ni que existía”, confesó. “Me puse a buscar enseguida”. A pesar de las dudas, aceptó el desafío: “Era la oportunidad de salir al exterior y jugar profesionalmente”.
La decisión no fue sencilla para su entorno. “Mi familia me decía: ‘¿te vas a ir otra vez?’, pero también me dejaron claro que tenía que hacerlo por mí. Eso me marcó mucho”.
Por una cuestión de tiempos, no pudo incorporarse directamente al primer equipo y comenzó en el plantel B. “Los primeros días fueron durísimos. Te preguntás qué hacés ahí. Se extraña mucho. El primer mes fue el peor”, reconoció.
La barrera idiomática fue otro desafío. “El técnico no habla inglés, solo albanés. Un compañero nos traduce. Igual la gente es buena y muy servicial”, destacó. También mencionó el clima: “Hace un frío tremendo. A las cuatro y media ya se empieza a hacer de noche”.
En lo futbolístico, describió un juego intenso y físico. “Se juega parecido a Uruguay, pero muy fuerte. Usan mucho línea de cinco, los carrileros no paran de correr y no hay tiempo para descansar”. Los entrenamientos son cortos y con mucha pelota, y casi no se hacen prácticas en cancha completa. Los hinchas, según contó, viven el fútbol con mucha pasión: “Te putean todo el tiempo, están muy encima”.
A pesar de las dificultades, Correa no duda en recomendar la experiencia, aunque con una advertencia: “Si venís solo, cuesta. Si venís con alguien más, se disfruta mucho más”.