El Gobierno de España ha confirmado que invitará a la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, a la próxima Cumbre Iberoamericana que se celebrará en Madrid en noviembre de 2026.
La decisión, anunciada por el ministro de Exteriores José Manuel Albares, ha generado debate político y diplomático, ya que la dirigente venezolana sigue bajo sanciones de la Unión Europea.
La invitación a la Cumbre Iberoamericana
España cursará la invitación en el marco de las normas diplomáticas habituales. Según Albares, se invita siempre a quien ostenta la representación internacional de cada país, independientemente del contexto político.
La cita tendrá lugar los días 4 y 5 de noviembre de 2026 en Madrid, dentro de la Cumbre Iberoamericana de Madrid 2026, que reunirá a líderes de 22 países iberoamericanos.
El contexto en Venezuela
Rodríguez asumió como presidenta encargada tras la detención de Nicolás Maduro en enero, en un escenario político marcado por cambios y tensiones internacionales.
Su eventual presencia en Madrid supondría un regreso relevante a Europa, especialmente tras años de aislamiento diplomático.
La polémica por las sanciones de la Unión Europea
Uno de los principales puntos de conflicto es que Delcy Rodríguez continúa sancionada por la Unión Europea desde 2018, lo que incluye restricciones de entrada al espacio comunitario.
A pesar de ello, el Gobierno español ha defendido que existen mecanismos excepcionales para permitir su asistencia a eventos internacionales y ha solicitado revisar estas sanciones.
Estrategia diplomática de España
La invitación forma parte de una estrategia más amplia del Ejecutivo para reforzar el peso político de la cumbre y garantizar la participación de todos los países iberoamericanos.
El propio Albares se encuentra realizando una gira por América Latina para asegurar la presencia de líderes clave y revitalizar este foro internacional, que ha perdido relevancia en los últimos años.
Un gesto con impacto político internacional
La decisión de invitar a Rodríguez no solo tiene implicaciones diplomáticas, sino también políticas. Representa un paso hacia la normalización de relaciones con Venezuela y podría interpretarse como un reconocimiento de su liderazgo actual.
Al mismo tiempo, abre un debate dentro de la Unión Europea sobre el papel de las sanciones y su aplicación en contextos multilaterales.