El robo en el Louvre deja al descubierto fallas de seguridad y sacude al gobierno francés

La presidenta del Museo del Louvre, Laurence des Cars, reconoció ante el Senado francés que el sistema de videovigilancia exterior del museo más visitado del mundo es “obsoleto” y “muy insuficiente”. Sus declaraciones se produjeron tres días después del espectacular robo de ocho joyas de las Joyas de la Corona de Francia, valoradas en más de 100 millones de dólares, un hecho que ha desatado una fuerte polémica sobre la seguridad en los museos nacionales.
Durante su comparecencia, Des Cars explicó que las alarmas funcionaron correctamente durante el asalto, pero admitió que el “parque de cámaras exteriores no cubre todas las fachadas del Louvre”. En particular, señaló que en el ala afectada —la Galería de Apolo— la única cámara estaba orientada hacia el oeste, sin registrar el balcón por el que ingresaron los ladrones.
“Estamos viviendo un fracaso terrible en el Louvre, del cual asumo mi parte de responsabilidad”, declaró la presidenta, quien aseguró haber presentado su dimisión al Gobierno, aunque esta fue rechazada. Des Cars, primera mujer en dirigir la pinacoteca desde 2021, propuso reforzar la seguridad con la instalación de una comisaría de policía dentro del museo y barreras perimetrales para impedir que vehículos se estacionen junto a los edificios.
El robo, ejecutado en apenas ocho minutos, ha puesto bajo presión al presidente Emmanuel Macron, a la ministra de Cultura Rachida Dati y al propio equipo de dirección del museo. El caso se produce pocos meses después de una huelga del personal, que ya advertía sobre la falta crónica de empleados y recursos para garantizar la protección de las colecciones.
El ministro del Interior, Laurent Nuñez, informó que más de cien investigadores trabajan en la pesquisa y que la operación delictiva habría sido facilitada por un “seudoalquiler” de un montacargas utilizado para la huida. Según la fiscal de París, Laure Beccuau, los daños ascienden a 88 millones de euros, aunque aclaró que el valor histórico de las piezas es “inestimable”.
El presidente Macron ordenó “acelerar el refuerzo de la seguridad” en el museo, que reabrió sus puertas tras permanecer cerrado desde el domingo. En enero, el Ejecutivo ya había anunciado un plan para modernizar la red de cámaras y crear un nuevo centro de control, pero el robo ha reavivado las dudas sobre la eficacia y el alcance de esas medidas.
La protección de obras icónicas como la Mona Lisa sigue siendo impenetrable —la pintura está resguardada tras un vidrio a prueba de balas y en una vitrina climatizada—, pero el robo ha dejado en evidencia vulnerabilidades en otras zonas del complejo, que alberga más de 33.000 objetos.
Para muchos franceses, el episodio supone una “herida nacional”, comparable con el incendio de Notre-Dame en 2019. En la Sala Apolo, las vitrinas vacías y acordonadas son ahora el símbolo visible de una brecha no solo en la seguridad, sino también en la confianza hacia una de las instituciones culturales más emblemáticas del país.